Ehud Uri Manor: “A Israel siempre se lo juzga poniendo en duda su derecho a existir”

21/Oct/2014

La Capital, Rosario (Argentina), Pablo Díaz de Brito / La Capital

Ehud Uri Manor: “A Israel siempre se lo juzga poniendo en duda su derecho a existir”

El historiador israelí
Ehud Uri Manor habla durante una hora o más delante del grabador, sentado en el
bar de un hotel céntrico. Es una tarde de sol y apura una cerveza antes de
entrar de lleno en la entrevista con La Capital. Manor vino a Rosario a dar una
conferencia para la juventud de la colectividad judía. Nació en un kibutz en
1960, y en 1987 creó junto con un grupo de amigos un kibutz urbano. Doctor en
historia por la Universidad de Haifa, es titular de cátedra en el Oranim
College. Se dedica a estudiar la historia social y política del pueblo judío y
tiene siete libros publicados. Manor es laborista, y como hombre de la
izquierda democrática ve con preocupación que los gobiernos latinoamericanos de
ese signo sean abiertamente hostiles a Israel, pero no encuentra nada nuevo en
esa actitud, que lo remite a los años 70. “Con Israel es diferente”, a
cualquier otro país. “Todo el tiempo es juzgada por su mera existencia, no por
sus actuaciones. Y esto no tiene solución simple, no sé cómo va a terminar”,
lamenta. Advierte además sobre el problema que representa el Islam con su
mezcla de teología y política, algo evidenciado con la eclosión del grupo
Estado Islámico.
—En América latina entre los gobiernos de izquierda, hay una
fuerte tendencia contra Israel, como se vio durante la guerra de Gaza. Acá
tenemos un gobierno que firmó un memorando inexplicable con Irán. Este fenómeno
no existía hace pocos años. Israel ha sumado un enemigo más, América latina.
—Como historiador no estoy de acuerdo, es cierto que este es un
momento muy bajo. Pero justo ahora estoy haciendo un trabajo sobre el canciller
israelí entre 1974 y 1977, Ygal Allon, y tuvo que trabajar muy duro en América
latina. En México se peleó con el presidente, que daba apoyo a la OLP. Este
fenómeno de la crítica a Israel tiene dos explicaciones: uno es el petróleo,
tal vez el argumento más flojo, porque no hay que caer en el simplismo
petrolero; y luego, la cosa fundamental, que toca las “venas abiertas”, es el
poscolianismo. Se ve a Israel como último bastión del cololianismo occidental.
Entonces es sobreentendido que tenés que estar a favor de Irán, no por la
represión de los homosexuales, y en esto estoy seguro que Cristina está en
contra. Pero a nivel popular predomina esta visión. Tengo estudiantes árabes
que están totalmente seguros, y no hay modo de convencerlos de lo contario, que
el lobby judío en EEUU controla al gobierno de Washington. Puedo explicarles
cómo es la política de EEUU, que funciona el mecanismo institucionalizado del
lobby, que tienen una gran cultura política, mucho más desarrollada que la de
Israel, pero no habrá forma de convencerlos. Ben Gurión, Theodor Herzl, dijeron
que debemos ser, además del “pueblo elegido”, un “pueblo destacado”, y lo hemos
logrado: desde la agricultura a la tecnología, los Nobel de ciencias, etc. Somos
una buena democracia, no ideal pero aceptable. Israel es un buen lugar, y sin
embargo nos odian. El famoso refrán de Herzl, que merecemos ser parte de la
humandad, “un pueblo en la familia de los pueblos”, bueno, eso no está
avanzando, y es muy frustrante. No es suficiente que Merkel y Obama, nos
apoyen. A nivel de la opinión pública internacional estamos muy mal. Yo no veo
una solución. El hecho es que las contradicciones permiten ser pesimista y a la
vez optimista. El turismo está en permanente crecimento, Tel Aviv es una de las
capitales gays, una meca gay. En el terreno científico, ni hablar. Por cada
boycot de una institución académica europea hay 80 que se relacionan con
Israel. La relación es muy fuerte en este terreno con la India, con Japón y China,
en fin, hay otro mundo que hace menos ruido y que reconoce a Israel como un
país más, y de gran capacidad. Los hechos negativos que reseñamos señalan el
abismo moral e intelectual que están pasando los intelectuales europeos y de
EEUU y América latina. La “bronca” de los intelectuales locales con Israel nos
habla más de ellos que de Israel. Pero mi “vacuna” es la Historia. Como dije
antes sobre los 70, y antes aún, en los 50, Israel estaba aislada por los
ingleses, el presidente Einsenhower, los rusos, que luego de comprender que
Israel no sería un país comunista se alejaron, etc. Hoy estamos mucho mejor.
—Pero lo que se llama riesgo existencial, de dejar de existir
como país, para muchos judíos en Argentina y afuera está hoy presente, pese a
que en los años 50 y 60 Israel era mucho menos poderosa y estaba amenazada por
ejércitos potentísimos.
—Mi tía y mi tío, que ya fallecieron, me contaron que antes de la
Guerra de los Seis Días (1967) llamaron a mis padres para “que manden a los
chicos”, a mí y mi hermano. No era un pedido normal. “Mandá a los chicos” para
salvarlos. Cuando lees los diarios de la época, de las semanas previas a la
guerra, la preocupación era una amenaza a la existencia del país. Y hoy hay
gente que tiene esta preocupación todavía. Porque con Israel no ocurre como con
otros países, que pueden ser objeto de críticas, como ahora México por el
crimen de los estudiantes, por ejemplo. Pero nadie pone en duda, pese a esta
violencia estatal y social, el derecho a existir de México. Con Israel es
diferente. Todo el tiempo es juzgada por su mera existencia, no por sus
actuaciones. Y esto no tiene solución simple, no sé cómo va a terminar. De
pronto, con la aparición del grupo Estado Islámico o Isis, se ve que hay una
problemática fundamental con el Islam, que hay que reconocer que el Islam
facilita algunas ideas políticas, no religiosas, sino de la relación entre
teología y política. Hay un problema con el Islam, y esperamos que el mundo por
fin lo vea y lo entienda. Nosotros lo enfrentamos desde los años 20, 30. Gente
de derecha decía entonces “acá nos rechazan, no por la tierra, sino por algo
que tiene que ver con la religión, con la ideología musulmana. Y es que
rechazan la democracia, la igualdad”, los valores que sirven para que Eduardo
Galeano, por ejemplo, nos juzgue. Desde mi punto de vista, en derechos humanos,
Israel está del lado de los “buenos”, no Irán. Ahora, si se trata de lograr el
petróleo de Chávez, es otra cosa, pero entonces hay que poner los intereses
sobre la mesa. Pero la opinión pública se basa en argumentos, en valores e
ideologías, y desde ese punto de vista hay una falta de coherencia de este
sector.
Gaza y los logros menores
del realismo
—La guerra de Gaza ¿benefició al sector
duro o al dialoguismo dentro del gobierno de Benjamin Netanyahu?
—En la política
israelí hay dos tendencias: una, la activista, que puede ser de derecha o de
izquierda, pacifista o belicista; y el otro camino, que es el de statu
quo realista, que se basa en que la solución del conficto es tan complicada que
lo mejor es manejarlo para que sea lo menos violento posible. Netanyahu es un
clásico hombre del statu quo. La guerra de Gaza terminó con los dos lados
anunciando el triunfo. Israel ganó, porque hace un mes estamos sin que caigan misiles
de Hamas. Es como Líbano luego de 2006: no hay un cambio de fondo, es un statu
quo clásico. Hay un buen resultado, pero a la vez todo el mundo sabe que
Hezbolá se está rearmando y que Israel se está preparando para la próxima
ronda. Y con Siria, nadie sabía en 1974 que se lograrían 40 años de paz. Un
partidario del statu quo puede poner todo esto sobre la mesa.